IRAK, SEGURIDAD... Y CLINTON
La realidad norteamericana de esta semana se ha visto impregnada de un radical cortocircuito entre la política nacional y la exterior. En lo que toca al primer aspecto, y con las elecciones legislativas a la vista, los demócratas le siguen ganando terreno al rival. El voto demócrata aumenta en tres espacios claves; republicanos moderados, jóvenes universitarios y mujeres. Igualmente, los ciudadanos norteamericanos cada vez están más descontentos con su presidente y con los miembros del congreso.
En la última encuesta del Pew Research Center, del mes de septiembre, los demócratas aventajan al partido rojo en once puntos. Por otro lado, el descontento de los ciudadanos es múltiple; un 55% por ciento basarían su voto para conseguir un giro del dominio republicano del congreso, mientras un 27% lo harán en contra de la gestión del presidente. Paralelamente, en un dato que marca el descontento general de los ciudadanos, un 44% de éstos pretende que los antiguos congresistas no revaliden sus puestos. Toda una declaración de cambio y agotamiento.
Mientras la tasa de aprobación del presidente se mantiene en un flojísimo 37% desde agosto, los norteamericanos son cada vez más conscientes de las problemáticas que implica la guerra de Irak, que los encuestados definen –en un 37%- como el principal problema que afronta la sociedad norteamericana. Pero, ante este dato aparentemente devastador para los intereses republicanos, se da otro que puede parecer chocante. Preguntados por cómo afrontan diferentes aspectos de la vida política los dos partidos (moralidad, crimen, aborto, etc.), solamente existe un espacio en el que los republicanos ganen. ¿Lo adivinan? La lucha contra el terrorismo (y por nueve puntos). Por otro lado, los futuros electores opinan, sin dudarlo, que el partido republicano tiene líderes más sólidos que los demócratas (algo que incluso opinan los votantes que se declaran independientes).
Este es un dato que no puede pasar desapercibido de nuevo por la izquierda americana, que debería ir tomando nota (y todavía es hora de que lo haga) de los errores cometidos en 2004. Mientras la ciudadanía norteamericana sigue manteniendo numerosas dudas sobre cómo lleva G. W. Bush su particular guerra contra el terror (el 39% dicen que el país está perdiendo esa guerra) el partido demócrata no aprovecha la ocasión para presentar una alternativa constructiva.
Nos guste o no, a los norteamericanos les obsesiona su seguridad (bueno, a los norteamericanos y –últimamente- a los propietarios de casitas de segunda residencia en nuestra impoluta España) y si los demócratas no llegan a tener un plan comprensivo y global en este asunto volverán a perder en 2008. Joe Lieberman acaba de fracasar en las primarias demócratas en Conneticut con un voto de castigo referido a política exterior muy evidente, porque la gente está cansada de un partido que pierde constantemente sus oportunidades y que no tiene una visión conjunta sobre Irak. ¿Veremos otra vez a un candidato demócrata condecorado en Vietnam criticado por gente que no ha pisado un campo de batalla en su vida, sin reacción alguna, en 2008? Esperando estaremos…
Seguimos con Irak, un conflicto del que los americanos tienen a estas horas una perspectiva diferente del pasado, siendo ya mayormente concebido como una “guerra civil” y no como un acto de “insurgencia”. Ante la preocupación de los norteamericanos por Irak, otros aspectos de la actualidad (como la inmigración) pasan bastante desapercibidos. Lo curioso es que la preocupación por Irak ha llegado a ser dominante en la arena de la opinión porque los electores demócratas se han sumado a este miedo y –como decía antes- a esta preocupación también se le han sumado sus consiguientes demandas de seguridad.
Por otro lado, el aumento de valoración demócrata tiene su raíz, parcialmente, en una división interna de la base republicana. Paralelamente, en las bases rojas existe un voto menos fiel (menos “de partido”, que diríamos en lenguaje europeo) que en sus rivales. En los sectores más moderados de los dos partidos, uno puede notar –nuevamente- que el voto final de los indecisos va a venir marcado por el tema de la seguridad. Igualmente, los norteamericanos son bastante conscientes de que una mayoría republicana en el congreso puede aumentar enormemente las probabilidades que las tropas nacionales deban intervenir en países no aliados.
En un sorprendente y revelador dato final, la encuesta del Pew marca como la mayoría de los americanos (un 75%) dedica un tiempo importante de sus conversaciones casuales no a la guerra, ni al matrimonio homosexual ni al aborto, sino al precio de la gasolina, un asunto que –claro está- marca alguna que otra relación con la búsqueda de crudo por el mundo… Sea como fuere, no deja de ser importante ver como –en las conversaciones de los votantes liberales- lo que más acaba citándose (en segundo lugar, después del precio de la gasolina) sea el conflicto de Irak. Por todo lo que he dicho antes, creo que estas conversaciones se centran cada vez más no solamente en la gestión de Bush en el asunto, sino en la respuesta demócrata al conflicto. O, mejor dicho, en su silencio.
Un conflicto que, por cierto, cada vez genera más indecisión. Los norteamericanos no saben si retirar sus tropas o no, no saben si es mejor dar unas fechas o tener una hoja de ruta para hacerlo. En donde encontramos una oposición insalvable es en la relación entre la guerra de Irak y la seguridad del país; los demócratas la ven peor y los republicanos (escudados en el argumento bushiano de que el país no ha sido atacado en cinco años) creen que el control sobre Irak ha favorecido sus intereses en lo que toca a seguridad nacional.
En uno de los asuntos más polémicos de los últimos tiempos (los procedimientos de escucha sin aprobación judicial) un 53% de los americanos piensa que el gobierno debería practicar escuchas sin consentimiento de ningún tribunal. Por otro lado, casi la mitad de los americanos es consciente de que se deben sacrificar algunas libertades civiles si se quiere mejorar la seguridad del país. Igualmente, cada vez son más los norteamericanos que creen en el poder de organismos internacionales para solventar crisis como la de Irán, otro asunto caliente para el presidente Bush; sea como sea, ir solos por la vida, como sabemos suficientemente, no les ha beneficiado en nada.
Antes he hablado de la pasividad demócrata en un plan de seguridad para el país y he reclamado una mayor fuerza de partido ante las acusaciones republicanas. Insisto que ello no es algo que pida yo (un inmigrante más del país) sino que lo pide el electorado demócrata. He mencionado este hecho por una curiosidad mediática que pasó el pasado domingo y que no puedo sino citar. El expresidente del país, Bill Clinton, concedió su primera entrevista cara a cara con la cadena Fox en su noticiario nocturno. La Fox, conocida por sus posturas conservadoras, fue uno de los azotes más duros de Clinton en la época de su gestión presidencial, e indagó especialmente en sus relaciones extramatrimoniales…
La entrevista a un ex-político siempre acostumbra a ser amable. Ya se sabe, cuando los políticos pierden el poder se convierten en ciudadanos tan poco singulares como usted y yo o, en el mejor de los casos, en mandarines de la solidaridad llenos de buenos deseos y con una agenda cargada de contactos importantes. Sin embargo, la entrevista de la Fox no fue tan amable como se preveía. Tras un par de preguntas protocolarias sobre los actos de su Fundación en la lucha global por un medio ambiente mejor, el presentador del programa –Chris Wallace- puso en duda, citando algunas conclusiones de la comisión del 11/s, la capacidad del exmandatario para reconocer el peligro que representaba Osama Bin Laden para el pueblo norteamericano. Casi nada…
Lo que sigue a esa pregunta ciertamente provocadora fue una actuación dialéctica que, más allá de sus verdades, debería ser vista en video por todos los candidatos del partido (Mrs. Clinton incluida). No hablo de lo explicado, que también, sino de la actitud de Clinton al contestar (pueden ver la entrevista completa con una trascripción en http://www.foxnews.com/fns/index.html).
Baste con una cita general para ver lo que es un político con ideas claras;
“Me parece muy interesante que todos los Republicanos conservadores, que dicen que no hice lo suficiente (para capturar a Bin Laden) me dijeran hace tiempo que estaba demasiado obsesionado con Bin Laden. Todos los neocons del presidente Bush pensaban que yo estaba demasiado obsesionado con Bin Laden. Ellos no tuvieron una reunión sobre Bin Laden en nueve meses. Toda la derecha que dice que no hice nada en esto decían que hacía demasiado; es la misma gente. Ellos querían que me fuese de Somalia en 1993 un día después que impulsásemos el “Black Hawk Down”; yo me negué y estuvimos seis meses ahí para transferir competencias a las Naciones Unidas (…) No hay una sola alma en el mundo que pensase que Osama Bin Laden tenía algo que ver con el “Black Hawk Down” o que prestase atención a este asunto o que pensase que Al Qaeda era un motivo de preocupación en Octubre del 93. Ni una sola alma!”
“Yo trabajé duro para matarle (a Bin Laden) Autoricé una búsqueda a la CIA para que lo matase. Contactamos a gente para matarlo. Yo estuve más cerca de matarlo que nadie hasta el momento. Y si yo fuese presidente tendríamos 20.000 tropas más ahí para matarle. Yo nunca he criticado al presidente Bush, y no creo que sea bueno. Pero usted sabe bien que tenemos un gobierno que cree que Afganistán tiene siete veces menor importancia que Irak. ¿Y usted me pregunta sobre el terror y Al Qaeda de esa manera tan despectiva? Cuando todo lo que usted tendría que hacer es leerse el libro de Richard Clarke (asesor en seguridad de los presidentes Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo) para ver como intentamos defender sistemática y comprensivamente al país del terror. Y usted lo hace con esa sonrisita en la boca y se cree muy listo. Pero yo tenía la responsabilidad de proteger a este país. Lo intenté y fallé a encontrar a Bin Laden. Lo lamento. Pero yo lo intenté e hice todo lo que responsablemente pude. Todo el ejército estaba en contra de enviar tropas especiales a Afganistán porque la CIA y el FBI no podían certificar que Al Qaeda fuera un peligro cuando yo era presidente. Dejé la presidencia y todavía me preguntan por esto incesantemente. Ellos tuvieron tres veces más tiempo que yo para hacer frente a ese asunto. Pero nadie les pregunta sobre eso. Lo considero bastante extraño.”
Ya lo ven. Supongo que la cosa no necesita comentarios. Si yo fuese demócrata sentiría ese sentimiento tan molesto, pero inevitable, llamado nostalgia…
