Tuesday, September 26, 2006

LA EDUCACION EN LOS EUA

LA OCDE acaba de publicar un exhaustivo informe sobre la educación en sus treinta países miembros. Parece ser que España –uno de los impulsores más antiguos de la organización, por cierto- no sale muy bien parada en la cuestión educativa si la comparamos con otras naciones como Alemania o Estados Unidos. El tema merece darle un pequeño vistazo al texto.

El primer dato importante del estudio es que, y puede parecer sorprendente, sacamos una nota excelente (la tercera) en formación universitaria, que aumenta a un ritmo notable. También la educación preescolar se sitúa en un nivel óptimo, en el primer lugar de la lista. Es, contrariamente y por contraste, la educación secundaria la que se lleva el peor palo del asunto. Paralelamente, mientras dedicamos los mismos recursos que otros países a la educación privada, los recursos en educación secundaria pública se sitúan un punto por debajo de los otros miembros de la OCDE. Un dato preocupante que podría explicar por qué –según afirmaba hace poco una encuesta online de La Vanguardia- la mayoría de ciudadanos (un 65.8 por ciento) todavía piensa que los centros privados imparten una enseñanza de mayor calidad.


En cualquier caso, el estudio de la OCDE refleja claramente un cambio generacional importantísimo en nuestro país. Contra lo que dicen los nostálgicos –y como recordaba el sociólogo Mariano F. Enguita en EL PAÍS- hoy nuestros alumnos escriben mejor y aprenden mucho más que hace veinticinco años, teniendo un acceso a la cultura tremendamente mayor que el de nuestros abuelos (a veces, queridos amigos, parece mentira que no nos acordemos de cómo estaba el país hace solamente unos lustros…)

Los fatalistas que, por otro lado, critican sistemáticamente nuestro sistema universitario tienen también, en este estudio, muchos datos que contradicen su persistente fanfarroneo. Seguimos acarreando algunos problemas de fondo (entre ellos el nivel de matemáticas de los alumnos, el trato salarial que reciben las mujeres licenciadas en nuestro país o la enorme falta de estudiantes internacionales en nuestras aulas) pero fijarse solamente en las carencias es un deporte nacional en el que no siempre estamos obligados a ser excelentes.

Si cruzamos el charco y nos vamos a los Estados Unidos (el país, claro está, con mayor PIB de la lista) tenemos también algunos datos importantes. En primer lugar –cosa que contradice claramente el exclusivismo con el que los europeos miramos a las universidades americanas- los EUA lideran el porcentaje de aceptación universitaria con un 39% de la población adulta; un porcentaje al que otros países (como Canadá, en un 35%) se están aproximando, aunque ningún país de la lista supera el 27%. Bien es cierto que el nivel de personas que finalmente se gradúan en los EUA es mucho menor que el de otros países (sólo se gradúan la mitad de los alumnos) pero este es un dato –como recuerdan los responsables del estudio- que no afecta al nivel de la calidad de la enseñanza ni al de inserción de alumnos en la universidad. También hay que decir que –en los últimos tiempos- EUA ha crecido menos que otros países en cantidad de alumnos universitarios, quizás –me atrevo a apuntar- porque el sistema norteamericano está mucho más consolidado que el de algunos países de la vieja Europa.

Igualmente, esta poca cantidad de personas graduadas implica –lógicamente- que tener una carrera sea algo mucho mejor considerado –de cara al salario- en los EUA que en Europa; los habitantes que tienen carrera en los EUA llegan a cobrar un 72% más de salario que los ciudadanos que solamente llegan a terminar la educación secundaria, adquiriendo también mucha más facilidad para encontrar trabajo. Por otro lado, el estudio de la OCDE afirma que los norteamericanos reciben –en su salario laboral y respecto al gasto de sus universidades- una compensación mucho mayor que sus iguales europeos.

Por tanto, contra lo que afirma el tópico fácil, la educación en Norteamérica es más cara que la europea pero también da mucho más dinero a los que pueden acceder a ella. En ese sentido, no deja de ser curioso que nuestro país sea uno de los que más ha crecido en aceptación de alumnos en la universidad, siendo éste un logro que no conlleva –paradójicamente- un incremento salarial adecuado al nivel de los estudios cursados. Hay más licenciados, pero más pobres, para decirlo en plata.

Como no es sorpresa (y seguirá siendo así durante mucho tiempo) EUA es el lugar preferido por los estudiantes internacionales (un 22% de éstos deciden venir a estudiar, por encima de todo, en las universidades americanas; lo cual, por cierto, matiza el antiamericanismo de pose que mucha gente profesa hacia el país; EUA son sus contradicciones políticas y sus miserias culturales, bien es cierto, pero sus universidades y sus premios Nóbel también deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar el aprecio que tenemos por el país y su nivel cultural). No deja de ser por cierto curioso (y analizable en sus consecuencias a nivel geopolítico) que dos tercios de esos estudiantes internacionales provengan de Asia…

Evidentemente, la ventaja que los norteamericanos nos llevan en este aspecto tiene un origen lingüístico bien claro. El inglés, hoy por hoy, sigue siendo la lengua madre en lo que toca al comercio internacional y las relaciones políticas en el mundo. Que muchos programas en Europa hayan empezado a incluir cursos en inglés (más vale tarde que nunca) refuerza esa idea básica y nos acerca a la normalidad. Igualmente, cabe decir que el español sigue siendo una lengua enormemente poderosa que, por lo que parece, no hemos aprovechado suficientemente para tener más estudiantes latinoamericanos en nuestras aulas y para exportar así nuestra potente educación universitaria. El español no es el inglés, cierto; pero sigue siendo un idioma primordial que, paradójicamente, nos une poco a nuestros pares.

Los EUA siguen manteniendo un buen nivel en educación secundaria, pero han experimentado un decrecimiento en la inversión en este espacio educativo. Por otro lado, el nivel de personas que entran en secundaria pero que no acaban sus estudios es alarmantemente importante, siendo esta carencia algo que les determina notablemente de cara al mercado laboral. Como pasa en casi todos los países encuestados, el nivel de matemáticas es menor en las zonas en donde la renta per cápita es menor. Los pobres, como siempre, parecen tenerlo más difícil…

Contrariamente, uno de los hallazgos del sistema norteamericano es el excelente nivel de la formación no-académica (los antiguos oficios). Si uno no puede o quiere estudiar secundaria (un hecho que los norteamericanos aceptan con menos severidad que nosotros) puede aprender un oficio con un título oficial que le permita trabajar en el futuro. Paralelamente, el sistema norteamericano es de los que menos fomenta a desigualdad entre hombre y mujer. Contra lo que se piensa tópicamente, el nivel de gasto público en educación también es uno de los más altos de la lista de la OCDE. Lo que sí varía (y dobla la cantidad media en porcentaje) son los fondos privados en educación, que se sitúan en un 28%; la educación, bien es cierto, es un negocio en Norteamérica, pero afirmar sistemáticamente que el gobierno no invierte en educación es faltar a la verdad. Por otro lado, el nivel económico de la mayoría de los profesores (si bien trabajan más tiempo que en Europa) es francamente superior.

Pero del tópico que no parece librarse la educación en Norteamérica es del estigma de la competitividad. Esta semana, Newsweek dedica un reportaje a esa problemática, que llegado incluso a afectar a los estudiantes entorno a los seis años. Parece ser que el nivel de superación y competencia ha afectado a muchos niños de los EUA que presentan problemas de lectura y concentración derivados de ese estrés. Hace treinta anos, el primer grado tenía como objetivo que los alumnos aprendiesen a leer. Ahora la lectura ya empieza en el parvulario y los niños que no superan el examen de mitad de curso ya deben tener asistencia “especial”. Los ejercicios musicales, de dibujo, e incluso los juegos están siendo sustituidos por concursos de deletreo o redacciones. Los exámenes, en algún caso, llegan a ser semanales. Antes de poder atarse los zapatos, dice el reportaje del semanario, un niño ya puede ser bastante consciente de lo que es la noción de “fracasar”. Por otro lado, muchos padres –ya a los cinco anos- piensan en cómo sus hijos pueden entrar en una universidad de la Ivy League. El resultado es alarmante. En Buffalo (NY) un 42% ciento de los estudiantes ha tenido que repetir el primer grado.

Los primeros cursos de un estudiante, dicen los expertos, no son tanto para acumular erudición sino para despertar la curiosidad y receptividad del alumno. Si esta etapa se elimina o se dispara en rapidez, las secuelas pueden durar para siempre. Por otro lado, los niveles de exigencia pretenden ser los mismos –por poner un caso- para los alumnos que hablan el inglés como primera lengua y para los inmigrantes, muchos de los cuales no han hablado inglés en su vida, simplemente porque sus padres acaban de llegar al país. Muchos de estos inmigrantes también presionan a sus hijos para que sean “academic stars”, algo difícil si tenemos en cuenta que sus condiciones materiales no son iguales que las de muchos alumnos hijos de clase media con más oportunidades o con una vida más estable. Paralelamente, los padres más ricos continúan martilleando a sus hijos con numerosas clases extraescolares que les mantienen ocupados durante todo el día.

Todo este embrollo proviene de la concepción errónea de que los niños serán más listos cuando antes aprendan a leer. Pero, si bien estas capacidades pueden desarrollarse a una temprana edad, mantener esta tensión puede conllevar problemas posteriores de cansancio o falta de concentración. Pero este boom académico parece bastante imparable, puesto que algunas empresas como Baby Einstein o Educate están lanzando cedés para que los pequeños de tres años empiecen a leer y a practicar aritmética. Muchos dirán que este proceso no es más que la traducción de la vida misma; si los alumnos viven en este mundo, deben aprender a competir, y solamente deben sobrevivir los más fuertes. El problema es que el darwinismo social –aplicado a rajatabla- puede tener consecuencias cercanas al desastre. Estas y otras características del sistema americano, sin ser exportables, son algo que deberíamos, en cualquier caso, tener en cuenta.

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